27 de abril de 2009

EL SABOR DE LA LLUVIA

Fondo musical "El sabor de la lluvia" de Moisés Daniel.
Lentamente,
muy lentamente,
el vasto horizonte
se abre hacia el infinito
y mientras cae la lluvia,
los truenos lejanos
visten el paisaje
de mi presente.
Hoy, como ayer,
me dejo empapar
por el agua que cae
del cielo plomizo
y el sabor de la lluvia
me transporta
a los momentos vividos,
al recuerdo
de una existencia
maravillosa y feliz
junto a ti.
No cesa la lluvia
en mi memoria
y yo sigo persiguiéndola
con anhelo
para volver a saborearla,
para recordarte
una y otra vez.

16 de abril de 2009

EL ÚLTIMO APLAUSO

Fondo musical "Soil" de Haiku.

Apagué las luces de aquel escenario, ahora vacío, pero aún resonaban en mi cabeza los aplausos que unas horas antes habían inundado el teatro. Una última mirada al patio de butacas antes de despedirme para siempre de aquel edifico emblemático. Había pedido ser el último en ver los asientos que ocuparan en su día los espectadores anónimos y los personajes públicos que habían venido a protagonizar su particular representación. Quería ser el último en observar la parte oculta donde tantos compañeros habían trabajado para que las piezas teatrales saliesen como las habíamos ensayado. Todos debían estar esperándome fuera, en la calle, todos sabían que el teatro iba a ser demolido en unos pocos días y cada uno se había despedido a su manera del lugar donde había vivido su pasión de esos años.
En medio del entablado de madera donde había sido un dios, un asesino y un hombre enamorado, donde me había encontrado con la muerte y había coqueteado con la vida, allí en la oscuridad, supe que mi vida volvía al anonimato, que sin público no tiene sentido actuar, pero también supe reconocer que la actuación que más éxitos cosechó fue la más espontánea y la más sincera.
Al dar media vuelta para abandonar el escenario, un último aplauso me hizo sonreir, al final de mi carrera como actor.

1 de abril de 2009

LA IMAGEN NÍTIDA


Aquel paisaje que contemplo
se ha deslizado ante mí
con tanta rapidez
que la precisión de su imagen
se diluye,
se vuelve borrosa,
y en su lugar aparece,
más que nítida, perfecta,
la imagen de tu luminosa sonrisa
diciéndome que quieres amarme
sin tregua, sin desaliento,
hasta el último amanecer que nos quede.